jueves, 13 de agosto de 2015

Capitulo 2 -Pasados 15 años-

ED

Me desperté como todas las mañanas y miré al techo como todas las mañanas. Me giré, me acomodé en el colchón y hundí la cabeza en la almohada que tan bien olía...olía como mamá.
Sonreí pensando en que papá me tenía preparada una sorpresa para hoy,una de sus sorpresas que siempre acaban en un día agotador, en uno de esos días en los que acabo dormida en su regazo y me tiene que llevar a la cama. Mi papá es uno de esos papás que transmiten ternura con solo mirarlos a los ojos; muchas veces me quedo mirándolos y acaricio su mejilla, pero papá no sabe que lo hago porque es mi héroe y lo quiero mucho. Es un héroe aquel papá que todo el día trabaja duramente para que tengamos algo que cenar, y, ¿Sabéis que lo hace todavía más héroe? Que siempre viene sonriendo y haciéndome cosquillas.
Mi mamá es mi ángel, me acuerdo de todas las veces que me bañaba cuando era pequeña y cubría mi cuerpo de bebé con caricias llenas del cariño de una mamá. Siempre rocía mi cara de sus hermosos besos aunque solo salga con papá a jugar a nuestras tonterías.
Y luego estoy yo, la niña de sus ojos, de los ojos más bonitos y tiernos, por los cuales me quedaría despierta toda la vida para contemplar ya que mis padres son las dos personas más hermosas que conozco.
Está es mi familia, mi única familia y no pido más; aunque luego está Chenko. Chenko es mi amigo, es también cabezón pero sé que me quiere mucho. Todas las tardes vamos al río sin que papá y mamá se enteren; nunca han querido que me acerque a ese ese río y jamás lograré entender por qué al igual que nunca he entendido muchas cosas que me rodean.

Al bajar las escaleras me encontré con el desayuno hecho y al lado había  una cesta muy bonita con una carta dentro.
"Felices 16 cariño, cuando hayas desayunado, sal con la cesta.
Te queremos,
Papá y mamá"
Sonreí y desayuné. Cuando terminé recogí las cosas y salí afuera con la hermosa cesta. Chenko y mis padres me esperaban fuera con unas enormes sonrisas y algo escondido a las espaldas. Les abracé, pues ya sabía bastante bien de que se trataba la sorpresa.
-Me ha costado encontrarlo pero aquí está y es todo tuyo.-Dijo papá mostrándome un libro.
Lo miré y le besé la mejilla.
-Papá, gracias por el libro, ahora podré aprender de otros países.
Soñaba con tener este libro, con él podría viajar a cualquier parte porque muestra como aventurarte a otras tierras y mi sueño era viajar por el mundo.
Mi madre suspiró y yo sabía por qué.
Acaricié su brazo y sonreí.
-No me voy a ir mamá, nos os dejaré aquí solos nunca.
-Cierto, porque no voy a dejar que te vayas, ya que siempre que salimos te pierdes, temo de que algún día te fabriques un barco y te vayas dios sabe dónde.-Dijo Chenko.
Reí.
-Tan pesado como todos los años Chenko, no cambias.
Mis padres rieron con la escena.
-Ed, cariño.-Dijo papá.-Hoy tu madre y yo salimos fuera a cosechar ya que aquí con la sequía se han echado a perder todas las sembradas del año. Te quedarás con Chenko y con sus padres.
-De acuerdo, que os vaya bien y espero que allí el tiempo refresque más.
Les abracé.
-Pórtate bien pequeña.- Dijo mi madre besando mi mejilla y partiendo con mi padre.
Cuando se alejaron dibujé una sonrisa traviesa y entré a casa.
-Espera aquí Chenko.
-Oh no, no me gusta esa cara.-Dijo él.
En un par de minutos me vestí y preparé una mochila para todo el día.
Salí.
-Vamos.-Dije
-No pienso ir al río, nos van a regañar.
-Oh vamos, mis padres están fuera y tus padres estarán haciendo la comida para después y además sabes que llevo queriendo seguir el río hasta llegar a su final desde que tengo uso de razón,
-Sigo pensando que nos van a pillar.-Dijo Chenko.
-¿Eso es un si?
Suspiró. y asintió.
-¡Bien! Pues vamos, en marcha.
Pasamos una hora siguiendo el río el cual parecía que no quería acabarse.
-Ed, vamos a dar media vuelta, estoy cansado.
-Venga que ya queda poco.
-Claro, es que eres adivina tu.
.Cansino, cállate.
Y por fin, tras un rato más andando y quejándonos de la calor  y el dolor de piernas, llegamos al final del río.
Nos miramos el uno al otro y abrimos mucho los ojos. Había un camino, un camino claramente construido por el hombre.
-Vamos a seguirlo.-Dije.
-Ya no puedo dar ni un paso, ve tu.-Dijo Chenko.
Resoplé y tiré de su brazo.
-Joder.-Rechistó.
Cuanto más andábamos por ese camino, menos nos importaba el dolor de nuestros pies debido a la intriga que empezaba a recorrer nuestros cuerpos.
Al llegar al final, nos quedamos estupefactos, miré a Chenko y el no tenía casi expresión.
-¿Es una base militar?.-Preguntó él.
-Creo que no, creo que vienen a buscar oro.-Contesté.
Nos encontrábamos en una especie de base, con campamentos. En varios extremos habían grandes excavadoras y palas tiradas en grandes agujeros.
-Estela, esto me da mal rollo, volvamos.
De repente dos hombres salieron del campamento más grande y eran....dos hombres blancos.
Me quedé parada y Chenko lo notó.
-Son blancos.-Miré mi piel.-Como yo.
-Vamonos por favor,esto no pinta nada bien.
-Shhh.-Le tapé la boca con la mano.
Nos escondimos detrás de un arbusto y escuchamos la conversación.
-Vamos Jensen, si entramos un poco más arriba del río, a lo mejor encontramos el sitio exacto.
-No, estoy convencido de que aquí podemos encontrarlo, solo hay que buscar un poco más.-Dijo uno de ellos.
-¿De verdad crees que un par de negros van a esconder semejante cantidad de oro? Vamos hombre, que estás en una mafia muy poderosa, debes de tener cabeza. Ya hemos buscado en todas las casas de esta zona y en todos sus terrenos, no vamos a encontrar nada aquí.
El chico suspiró.
-Si mañana no por la noche no encuentro nada, iremos al día siguiente..- Dijo
Su compañero sonrió.
-Ese es mi chico.
Volvieron a meterse en el campamento.
Chenko y yo nos miramos, los dos con las caras descompuestas.
-Me voy.- Dijo cabreado y emprendiendo el camino hacia casa.
Le seguí.
-Dios Chenko, ¿Has visto lo que hemos descubierto? Debemos avisar a nuestros padres.
-Si claro y ya de paso que vayan a hacerle una visita a tus amigos los mafiosos.
-Pero has escuchado muy bien lo que hablaban esos dos, en dos días subirán más arriba del río para buscar un supuesto oro y están rebuscando en todas las casas. Pueden llegar a las nuestras.
-No va a pasar nada, tu no toques las narices.
-Deberíamos volver mañana para enterarnos de algo más, no puede ser que hayan venido a buscar oro aquí, en Kenia no hay oro, está todo seco y además si lo hubiera, mis padres ya lo habrían encontrado en las cosechas.
-¿Y tu qué sabes?
-Lo he leído, Chenko.
-Haz lo que quieras pero yo me vuelvo a casa, a tomarme una tila y a descansar.
Suspiré y lo sguí, volviendo a casa con sus padres, cenando tranquilamente sin que ninguno de los dos dijéramos nada acerca de lo descubierto.
Después de ello, subimos al cuarto de Chenko donde su madre puso un colchón al lado de su cama para que durmiera. Estuvimos como una hora contando historias y planeando viajes que en un futuro nos gustaría hacer pero sin restarle el asunto de hace unas horas al lado del río. Cuando no podíamos mantener los ojos abiertos, nos quedamos dormidos.