domingo, 15 de marzo de 2015

Capitulo 1

JERRY


El cielo inmenso, envuelto en su manta azul, tornó al gris de la catástrofe. Ashiia no estaba en su cama cuando Clara entró a tomar su fiebre. Fuera solo se oía el vaivén del viento desmelenado chocando contra el tronco fruncido del único grupo de árboles que rodeaba la pequeña casa. De repente, tan pronto como entró su fina voz de niña dulce y pequeña, se fue, desapareciendo a través del tiempo, como todo lo que ha desaparecido a través de los años. El río, había brotado una nueva gama de colores fríos, el rojo se mezcló con el azul y la fina piel quedó atrapada entre las rugosas rocas del infierno. Mi corazón quedo yerto pero mi cuerpo permaneció de pie, quieto, sin frío, sin calor, sin sensaciones, sin nada. Clara corría a cada paso dejando tierra en el aire y cayó sin fuerzas sobre el pequeño e inocente cuerpo.
Con terror, Kenia no volvió a ser nuestro pequeño universo desde entonces, pero si un enorme infierno.



La mañana, como cualquier otra, se presentaba triste pero con trabajo. Mientras Clara recogía el agua y la subía de tres en tres viajes, yo recogía el pequeño sustento de todos los días.
Cuando el sol ya estaba haciendo de las suyas aún llevando mi sombrero preferido, vi una cesta lejana, al lado del sitio prohibido; al lado del río.
Intenté olvidarme de aquella cesta tan perfectamente construida y con tan grandes dimensiones.
Cuando llené otro carro de maíz, unos llantos repercutieron mis oídos. Rápidamente pensé en Clara, pero al girarme, ella descansaba bajo el techo mientras secaba su sudor.
Los llantos siguieron y me vi obligado por un instinto indescifrable a abandonar mis actividades, para acercarme a la cesta.
Cuando llegué, mis gritos de impacto casi rompen con la estabilidad mental y de concentración de Clara.
Era un bebé, un bebé blanco que me pedía sin hablar acogerlo en mis brazos.
Miré al cielo y le recé a Dios que esta vez no hubiera sorpresas, mientras agitado por el inesperado suceso, llevaba a la criatura a casa, con el presentimiento de que por fin, una familia rota, volviera a construirse y a encontrar la alegría.

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